viernes, 5 de noviembre de 2010

Un último adiós.

Sigo sin entender cómo en el mundo existen tantas personas capaces de herir a otra, por motivos que a ellos les parecen suficientemente razonables como para hacerle la vida imposible. Bajando su autoestima, hundiéndola en la mismísima miseria, jactándose de lo que alguien normal ni se daría cuenta. Urdiendo un manto de mentiras sobre su cuerpo, impotente.
Sigo sin entender cómo funcionan sus retorcidas mentes, planeando perversos encuentros intencionados. Cavando su tumba en medio de un desierto en el que el horizonte es arena. Y esta persona llorará por las noches preguntándose por qué tiene que ocurrir todo esto a él. Con un sentimiento egoísta por poder dar esta experiencia a cualquier otra persona. Rezando durante toda la noche para que alguien le escuche y le arranque ese miedo irrefrenable que siente cada vez que se levanta.
Y ahí está. Su cuerpo, inerte, en medio de la calle sin que nadie se pare a preguntar: ¿qué ocurrió aquí?. Sin que una madre, pudiera decir un último adiós.

1 comentario:

  1. Dios, que bien escribes *_*
    Seguiremos sin entender por qué la gente es así pero día a día la cosa empeora... La sociedad se divierte con esto.
    Así va el mundo, desgraciadamente...

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