sábado, 11 de diciembre de 2010

La pura realidad.

Me siento tan cansado. Tan agotado por los numerosos arrebatos que surgen de mi interior, desgarrando mi alma y tirándola al suelo, sin que nadie la recoja, sin que nadie se preocupe. Me llaman insensible, y ya no me llaman por mi nombre. Ahora, soy otra persona; alguien bipolar,que tan rápido como se encuentra en el más maravilloso paraíso vuela hasta llegar al peor de los infiernos. Y es que, cuando me miro al espejo, me doy cuenta de que mi reflejo es totalmente distinto. Sus facciones no son usuales, gestos de repulsión, odio...
Probablemente todo sea parte de mi subconsciente, que quiere darme a entender que he cambiado y que ya no soy el mismo crío de antes. Probablemente sea un cambio normal, por el que todos pasamos alguna vez. Pero, probablemente, no sea así. A veces creo que soy yo el culpable de todos mis problemas y debilidades. Mi seguridad en mí mismo es cada vez más baja, me creo incapaz de lo que antes era seguro que podría llevar a cabo, es un sentimiento tan extraño y real que es como si lo hubiese vivido desde que nací. La felicidad es algo inalcanzable para mi corazón en estos momentos, pues, aunque no me encuentre apesadumbrado tampoco consigo llegar a ese punto de bienestar; es algo más intermedio y más insano.
Pero tengo que convivir con ello, tengo que convivir con mi vida. Tengo que superarlo. Tengo que aceptar que en ocasiones ni yo mismo me reconozco, quedando mi falso reflejo parado detrás del espejo, mientras me mira, con desgana y rencor. Debo admitir de una vez por todas, que ha llegado el momento de mi existencia en el que tengo luchar conmigo mismo y sacar a la luz mi verdadero yo.
Alguien, que odia aparentar algo que no es.

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