domingo, 19 de diciembre de 2010

Mi mundo.

Cuando mi mundo se quiebra lo único que mi cuerpo espira es un suspiro, un hermoso suspiro que quebraría tu corazón con tan solo pensar en él. Y cuando las estrellas caen y mi mundo queda sumido en la oscuridad lo único que puedo hacer es quedarme inmóvil admirando, lo que para otro sería, una auténtica catástrofe. Antes, mi interior era incandescente, capaz de quemar cualquier ente que se cruzara por mi camino. Ahora me duele respirar, y estoy congelado, congelado por todas las palabras, secretos y miradas que nunca quise recibir.


Y es que no hay nada en este mundo como volver a ser el que era antes, aquella personita despreocupada por todo, siendo su único desasosiego no poder volver a ver la luz del sol, siendo aquél que disfrutaba de la vida sin importarle su rumbo. Pero nada de eso puede ya saciarme, porque ni cuando veo quebrarse el suelo, ni cuando veo que las estrellas se apagan y caen, destruyendo todo cuanto encuentran a su paso; podría decir: soy feliz con lo que veo, porque me engañaría a mí mismo y jamás podría salir de esa horrible mentira.
Y el día que toda esta catástrofe acabe y mi mundo sea el que era antes, sin oscuridad, niebla y frío; será cuando encuentre el camino hacia el mundo real, en el que es mejor aceptar tu vida que esconderte en este inframundo al que llamo: hogar.

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