jueves, 24 de febrero de 2011

Los rayos del sol que caracterizaban tu sonrisa.

Has perdido esa aura que hace poco te rodeaba, y ese brillo característico en tu mirada que resaltaba cada vez que mis ojos se posaban dulcemente en los tuyos. Tú diste color a mi vida, y tú misma se lo has arrebatado. De la misma manera te consideraba el sol que iluminaba mis días, y la luna que calmaba mis noches. Como la estrella que adornaba mi cielo y los rayos del sol que caracterizaban tu sonrisa. Recuerdo haber tenido tu nombre tatuado en mi corazón, me acuerdo también de pensar en ti y sonreír tontamente; lástima que toda esa magia que te caracterizaba haya desaparecido. Ese mundo al que me llevaste, lleno de prados, flores y felicidad se ha convertido en un olvido. Aun así, me gusta revivirlo, cerrar los ojos e intentar sentirlo de nuevo. No es lo mismo, lo sé, pero es lo único que me sigue uniendo a ti y lo único que dará comienzo a nuestro epílogo. Pero, cuando vuelvo a abrir las puertas de ese mundo, aún consigo verte a ti esperando mi regreso, aun a sabiendas de que no volveré. Deberías saber que todavía guardo en mí los buenos momentos, y que todavía soy el niño al que tanto decías querer.

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