sábado, 17 de septiembre de 2011

Mi agrio prólogo.

Siento, pero no quiero sentir; el dolor es mayor que todo aquello que me hace fuerte. Busco, pero no encuentro; pues esta niebla que me ciega, impidiéndome seguir adelante, la he creado para que sea indestructible. Camino, sin llegar a ningún sitio; estando siempre tan cerca y a la vez tan lejos de mi destino. Grito, sin mediar palabra. Lloro, sin derramar una sola lágrima. Abro los ojos y veo oscuridad; reconozco la luz a lo lejos, percibo su calor y tranquilidad, mas las sombras han decidido cuál es mi lugar. Sonrío, sin ser realmente feliz; me ahogo en mi llanto, seco y desvivido. Escucho, sin oír nada; me aíslo del mundo. Porque, al fin y al cabo, te amo sin amarte, te olvido recordándote y vivo estando muerto.
Ahora respiro sin alivio, cierro los ojos con temor, oigo a mi corazón durante unos instantes... y sigo luchando aun sabiendo que mi guerra está perdida.


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