sábado, 12 de noviembre de 2011

El porqué de mis caricias.



¿No sería maravilloso que descubriéramos mundos juntos? Llegar hasta lo más alto, romper las leyes de la física y correr por la superficie del mar guiados por las olas, seguidos por el viento. Sería maravilloso. Demasiado como para ser real. Ojalá y fuéramos capaces de, aunque fuera, mirarnos sin temer por las palabras que no saldrán de nuestros labios. No entiendo por qué tanto por un silencio si para ti no dicen nada. ¿No sería maravilloso que vieras lo que yo veo? Que creyeras mis delirios y locuras cuando te susurro al oído que, antes que un "te quiero", prefiero una de tus sonrisas. O el incomparable sonido de tu voz, que distinguiría en medio de la más ruidosa multitud. Porque, quieras o no, sé el momento exacto en el que me miras, aunque no lo hagas de la misma manera que yo lo hago. Yo te dedico una mirada tierna, llena de significado que, ni con el mejor de los diccionarios, podrías adivinar jamás. ¿Pero cómo decirte todo esto sin tener luego que arrepentirme? La respuesta no es sencilla, pero mi corazón la contesta una y otra vez en cada unas de las noches que me duermo bajo la tenue luz de las farolas: escribiré durante el resto de mi vida pensando en ti, dejando mis lágrimas caer en el papel para que ellas solas dibujen tu rostro en medio de la nada, desearé que alguna vez leas esto y pienses "ojalá y fuera para mí", porque será ese el momento en el que te darás cuenta, de que cuando te mire y te bese, las grietas de nuestros labios encajarán a la perfección. Sí. ¿No sería maravilloso que te describiera por una vez el porqué de mis caricias? Las que te regalo sin que te des cuenta en un mundo solo para nosotros. Ese que he estado imaginando desde el día en que te conocí.

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