miércoles, 4 de enero de 2012

Bajo la helada capa de mi piel.

Te tengo delante de mí y no sé qué decir. No sé si conocerás esa sensación de "querer y no poder", en la que todas las palabras se acumulan en la punta de tu lengua pero que tus labios no dejan salir. O si no, esa sensación en la que tienes arrinconado en tu corazón todo cuanto eres —que quieres que la otra persona conozca— pero que el alma mantiene aprisionado. Sigues delante de mí, aunque no te das cuenta de que te estoy mirando, ni de cómo me muerdo el labio mientras sonríes, ni de esas ganas irrefrenables de comerte a besos. Ni lo sabes ahora, ni creo que lo sabrás jamás. Estoy demasiado confundido como para arriesgarme a perderte. Por mucho que me cueste aceptarlo, soy yo el que desea besarte cuando hablamos con las luces apagadas, el que roza tu piel y finge no sentir nada, el que posa su mirada mientras duermes porque sabe que si lo hace cuando estás despierta apartarías tu rostro del mío, el que te abraza sin recibir ningún gesto a cambio, el que intenta darte un beso y tú rehuyes, el que tiene tatuado en su corazón tu sonrisa, el que ve cosas en ti que otros ni siquiera vislumbrarían. El dolor que me provoca la situación me obliga a desviar mi mirada a algún otro lugar. Fuera, una fría noche de invierno; ha nevado y todo está cubierto por un manto blanco que no tiene ni punto de comparación cuando sonríes; las estrellas son escasas en el cielo y la luna parece haber desaparecido momentáneamente tras las nubes. ¿No es maravilloso? No tanto como tú. Cada uno de tus movimientos me hace reflexionar, me vuelve loco, me hace preguntarme si apareceré por tus pensamientos y si todo este superfluo sufrimiento puede eliminarse con uno de tus besos. Vuelvo a mirarte y me percato de que tú me estabas mirando mientras mis ojos se paseaban tras la ventana. Sonríes. Sigues con lo que estabas haciendo antes. Todo vuelve a repetirse desde el principio, todas esas dudas anidan en mi cabeza sin intención de irse. Aquí el que está enamorado soy yo. De ti. Se me está acabando el aire, y tú eres el poco oxígeno que todavía me mantiene con vida.

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