jueves, 1 de marzo de 2012

Haré de la magia una realidad.

Me apetece dejar mi huella en la arena, en algún lugar donde el mar nunca la arrastre hacia su interior. La soledad quedará plasmada en ella; mis recuerdos se esconderán bajo los granos de arena que se adhieran a las yemas de mis dedos. Desentierro colillas abandonadas que arrancaron parte de su vida a algún desconocido, puedo acariciar el aire que malgastaron en los bordes de la boquilla. Juego con ellas imitando por unos instantes al niño que llevo dentro, aunque no sirve de nada. Vuelvo a colocar todo en su correspondiente lugar mientras olvido dónde plasmé parte de mí, dónde dejé que mi palma se hundiera para que el tiempo no se encargara del destino del viento. Olvidar me oprime el pecho, me asfixia, pero necesito hacerlo para seguir caminando. Lucho en una batalla encarnicida entre los sueños y la sinrazón. Envaino mi espada ideada por mi imaginación, rompo la armadura con las manos y embisto contra la nada. No permitiré que las mentiras envuelvan mi lengua, ni que el silencio selle mis labios, ni que sea tu voz la que guíe mis pasos sin oír su eco acompañando al viento.  Engañaré al alba para que aparezca tras el mar cuando acaricie al cielo, jugaré con las nubes y la lluvia para  sentirme empapado por lo que parece solo agua. Calmaré los truenos con un silbido y apagaré los relámpagos con tan solo pestañear. Haré de la magia una realidad y de las piedras del camino una ayuda para resucitar en esa persona que decía: "sé quién soy, por lo que no tengo nada que demostrar".


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