viernes, 27 de abril de 2012

Demasiado que decir para tan pocas ganas de escuchar.

—¿Qué te pasa?
—¿A mí? Nada.
—Venga, hombre, a ti te pasa algo.
—Te digo que no —sonrió.
—Vale, pues no me lo cuentes.
—No es que no quiera contártelo. Es que no puedo.
—¿Cómo no vas a poder? Solo te pido que te desahogues conmigo.
—Pero tengo demasiadas cosas que decirte.
—Empieza por lo primero que se te venga a la cabeza.
—Pues empecemos por ti.
—¿Por mí?
—Sí. Tengo que decirte que todas las noches me duermo pensando en ti, que te echo de menos al otro lado de la cama para poder abrazarte y no soltarte jamás, que no hay ni una sola vez que no tiemble con una de tus sonrisas. Tengo que decirte que igual que das sentido a mi vida se lo quitas de forma rotunda cuando doy más de lo que recibo. Porque, ¿cómo te vas a querer a ti mismo si nadie te quiere como tú quieres que te quiera? Tienes que saber que me arrepiento con cada una de las palabras que salen de mi boca y que son esquivadas por tus oídos, que odio la asquerosa forma que tengo de comportarme cuando estoy contigo,  cuando me transformo en otra persona que hace que no le importas y que no significas nada, cuando es todo lo contrario. Tengo que decirte que esto no surgió del día a la mañana, mis sentimientos se han ido intensificando con cada uno de los días, con los que revivo y muero por segundos. Tengo que decirte que soy tan imbécil de no saber aprovechar los momentos que paso contigo y de que me quejo de infeliz cuando tú me brindas la felicidad. Tienes que saber que tengo muchos miedos que soy incapaz de afrontar y que, posiblemente, nunca afronte; pero es que la vida me ha enseñado que si no quieres quedarte solo tienes que esconder tus propios problemas debajo de la piel. Y, por último, tengo que decirte que te quiero y que no creo que me quieras jamás como yo te quiero a ti. Esto es demasiado especial como para que puedas llegar a entenderlo.
—No tenía ni idea de que tenías que decirme todo eso...
—Ni lo sabrás, porque no son más que palabras plasmadas en un papel sucio que nunca serán leídas por tus ojos pidiendo mi amor. Nunca.

miércoles, 18 de abril de 2012

Vagabundo del silencio.



Las aceras estaban llenas de dolor y putas, donde la sangre corría por las baldosas y el miedo se confundía con el aire, donde se conocía a las personas por el número de billetes que escondían sus bolsillos, olvidando un ridículo nombre que designaba una parte insignificante de ellos. La vida se desvivía con champán caducado y alcohol barato. La noche encubría los secretos, el sexo y el dinero que se movía por las calles como serpientes de cascabel. Coches sin ruedas, con faros rotos, escarcha en los capós y ventanillas quebradas; hogares que se habían convertido en tristes barracones de drogatas y borrachos, donde las jeringuillas se servían en platos y las bocas pedían comida mediante terribles alaridos; monstruos camuflados bajo pieles humanas, con miradas feroces y tenebrosas, con sonrisas violentas, con andares lúgubres; enmascarados armados que andaban entre la niebla para no ser vistos. Pues las normas quebraron no hace mucho dejando a todos jodidamente libres. Jodidamente vivos como para disfrutar al respirar el hollín de las fábricas que usurparon las montañas. La lluvia quemaba, el sol enfriaba, la luna vigilaba. La basura y los vómitos decoraban el asfalto. Aquí la vida fue presa de la locura cuando la imaginación asesinó a una reina gobernada por las sombras.  La sangre que derramé se la ha llevado el tiempo mientras que mi cuerpo sigue vagando entre la mierda. Me dejaré arrastrar por la marea de un mar envenenado, nadaré entre pesadillas olvidando esperanzas y sueños.
Aquí se nace para morir. Y yo ya estoy muerto.

sábado, 14 de abril de 2012

Y dejas que el frío haga el resto.


Tienes el pelo empapado, sucio y desgastado por el viento; tus pestañas están llenas de arena que, por suerte, no entra en tus ojos; las pecas de tus mejillas saludan a las nubes sin necesidad de ser resaltadas por el sol, el cual ha desaparecido sin dejar rastro; tus manos acarician las pequeñas hojas de las ramas que rodean tu cuerpo, hundes tus dedos en la maleza y dejas que el frío haga el resto. No llueve, pero deseas que lo haga. Estás solo, pero quieres seguir así, disfrutando de una soledad que inunda tu interior y te reconforta. Saltas,  corres, vuelas. Sueñas con historias bélicas, hambre, sed y egoísmo porque te han adiestrado para evadirte del dolor ajeno. Eres valiente porque tu reto es ganar. Cruzas puentes con los ojos vendados, oyendo al vacío gritar tu nombre, a los pájaros pedir ayuda al cielo y a los árboles susurrarte palabras de ánimo. Pisas cada tablón de manera con firmeza, sin temer por la caída ni por la muerte, pues te sientes vivo. Caminas erguido, dando tumbos, buscando peligros, ahogándote en sudor, entablando conversación con el cansancio. No te das cuenta de lo que has sido capaz hasta que abres los ojos y echas un vistazo a la realidad. Pavor. Angustia. Demasiado que soportar. Y vuelves a cerrar los ojos, con tu pelo quebrado, tus ojos llenos de arena y tu piel arañada por la corteza de los árboles; pero ahora eres valiente, ahora conoces la ignorancia y no quieres deshacerte de ella.

viernes, 6 de abril de 2012

Endless.

¿Cuándo se harán realidad todas esas fantasías que viven encadenadas en mi mente? Demasiado bonitas para ser verdad, ¿o acaso el mejor amor no es aquel que no te deja dormir pero, que cuando estás con esa persona, te hace soñar? Porque con cada segundo que paso contigo, mi subconsciente construye reacciones y palabras que a mí me llevan a la felicidad. Pero, en ocasiones, parecen hacerse realidad. Como cuando estamos sentados cerca el uno del otro. Yo hago como si te ignorara, aunque en realidad te estoy prestando toda mi atención. Poso mi mirada en algún punto del infinito cercano a tu rostro y, sencillamente, espero. Magia. De repente, giras tu cabeza unos centímetros y me miras mientras crees que estoy sumido en un mundo del que no voy a resurgir. Ojalá y supiera en ese mismo instante lo que recorre tu mente. ¿Qué pensarás? ¿Qué tipo de raciocinio puede encontrarse entre los rincones de tu cerebro en ese instante? Es entonces cuando te miro y tú desvías la mirada. Magia. ¿Aquí no ha pasado nada? Sí, sí que ha pasado, pero no separo mis labios para decirte "—Sigue mirándome" por miedo a las consecuencias que, de nuevo, mi subconsciente crea para no arriesgarme y perder todo lo que tengo, que eres tú. Pero, al momento, imagino lo que podría ocurrir si te dijera esas palabras. Estoy seguro de que tus ojos expresarían sorpresa, pero después alivio y satisfacción. "¿Por qué?", me preguntarías. Yo me mordería el labio y bajaría la mirada, pensaría una respuesta ocurrente y contestaría: "Porque así puedo enamorarme más de ti". Mi voz te provocaría una irreprimible sonrisa con la que yo me vería obligado a imitarte. Pero quiera o no los sueños solo se sueñan estando dormido; y mi vida es un sueño incompatible con la realidad.