miércoles, 18 de abril de 2012

Vagabundo del silencio.



Las aceras estaban llenas de dolor y putas, donde la sangre corría por las baldosas y el miedo se confundía con el aire, donde se conocía a las personas por el número de billetes que escondían sus bolsillos, olvidando un ridículo nombre que designaba una parte insignificante de ellos. La vida se desvivía con champán caducado y alcohol barato. La noche encubría los secretos, el sexo y el dinero que se movía por las calles como serpientes de cascabel. Coches sin ruedas, con faros rotos, escarcha en los capós y ventanillas quebradas; hogares que se habían convertido en tristes barracones de drogatas y borrachos, donde las jeringuillas se servían en platos y las bocas pedían comida mediante terribles alaridos; monstruos camuflados bajo pieles humanas, con miradas feroces y tenebrosas, con sonrisas violentas, con andares lúgubres; enmascarados armados que andaban entre la niebla para no ser vistos. Pues las normas quebraron no hace mucho dejando a todos jodidamente libres. Jodidamente vivos como para disfrutar al respirar el hollín de las fábricas que usurparon las montañas. La lluvia quemaba, el sol enfriaba, la luna vigilaba. La basura y los vómitos decoraban el asfalto. Aquí la vida fue presa de la locura cuando la imaginación asesinó a una reina gobernada por las sombras.  La sangre que derramé se la ha llevado el tiempo mientras que mi cuerpo sigue vagando entre la mierda. Me dejaré arrastrar por la marea de un mar envenenado, nadaré entre pesadillas olvidando esperanzas y sueños.
Aquí se nace para morir. Y yo ya estoy muerto.

2 comentarios:

  1. Joder, he flipado. LLegas a imaginarte la situación...
    Me ha encantado, como siempre.

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  2. Me has dejado sin aliento, en serio...
    Me encanta, enhorabuena :)

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