sábado, 19 de mayo de 2012

Morir para vivir.


Muerte. Está prohibido temer lo inevitable; es necesaria una agria resignación para seguir adelante, jamás mirar atrás, soñar sin querer y amar sin cordura. Queremos librarnos de esas cadenas que nos amarraban a la tierra y que no nos dejaban ir al cielo, pero ahora somos capaces de lanzarlas al vacío, verlas caer y escucharlas estrepitarse contra el suelo. Que la hierba está para que pinche, las olas para tragarnos y las nubes para arrebatarnos nuestra imaginación. Toca estornudar el alma, verla volar y arder por los rayos del sol.
Calma. Cierra los ojos y odia el silencio; grita. El viento ha llegado para mecerte y resucitar la parte de ti que todavía sigue con vida: tu mente. Mantente firme sobre la nada, apóyate en el universo, susurra canciones, respira, disfruta. Nuevas sensaciones, jamás experimentadas, se ciernen sobre ti. Saben dulces, algunas saladas, pero ninguna araña tu garganta.
Que no duela imaginar, que no duela caminar sobre una realidad que tú mismo has creado. Felicidad. Olvida tus cadenas, borra tu pasado y escribe tu presente, nada de futuro. Al fin has conseguido no temer por las consecuencias, "que le jodan al mundo" piensas, haciendo retumbar tus ideas en el cielo. Que ahora la hierba te acaricia, las olas te abrazan y las nubes te sonríen. Al fin has logrado tu objetivo: morir para vivir. Libertad.

1 comentario:

  1. el diseño hace mucho. Te lo digo por experencia

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