lunes, 14 de mayo de 2012

Y te besé. Sin más.

Estoy sentado en las escaleras, acompañado de una solitaria oscuridad que no deja de pasearse entre los peldaños. Pienso en ti —para variar— y dejo que el cosquilleo de mi estómago viaje por las venas de mi cuerpo e intente iluminar una luz que hace mucho tiempo que no ha sido encendida; pero sin éxito. En realidad estoy acostumbrado, no es fácil deshacerse de tal monotonía cuando tú mismo deseas quedarte con ella.
—Soy gilipollas —susurro para mis adentros mientras mi respiración se entrecorta por el frío.
—¿Por qué?
Oigo tu voz levemente cerca de mí y me sobresalto, aunque por dentro haya gritado de alegría. No sé qué contestar. De hecho, no sé si quiero hacerlo. A veces, las palabras que salen por nuestros labios son demasiado vulnerables como para volver a entrar, y permanecen suspendidas en el aire siendo recordadas por nuestras malditas neuronas. En un acto reflejo te invito a que te sientes a mi lado —lo estaba deseando—. Huelo tu olor, tan característico, tan tranquilizador para mis entrañas. Evoca en mí demasiados sentimientos como para dejarlos al descubierto, por lo que callo y miro al suelo, provocando así en ti una horrible incertidumbre.
—¿Vamos a estar callados el resto de la noche? —preguntas.
—¿Pretendes quedarte?
—¿Por qué no?
La pregunta sería, ¿por qué sí? ¿Por qué siempre tengo la sensación de que esa química que caldea el aire es por nosotros? ¿Por qué, segundos después, me doy cuenta de que no son más que tonterías e inútiles quebraderos de cabeza? Típicas preguntas sin respuesta a las que, por más que busco un sentido, solo encuentro desilusiones.
—Quiero decirte algo —suelta mi alma sin que mi conciencia quiera.
—Dime.
—Puedo decírtelo con palabras o puedo demostrártelo. ¿Qué prefieres?
—Primero las palabras.
—Te quiero.
—¿Y cómo piensas demostrármelo?
Y te beso. Sin más. Esperando a que apartes tu rostro del mío y la incomodidad me ciegue, me ensordezca y me obligue a salir corriendo; a huir como siempre he solido hacer por miedo a enfrentarme a un tal vez.


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