jueves, 15 de noviembre de 2012

Reminiscencia.

¿Es el tiempo el que me cura o soy yo mismo el que se recupera de su enfermedad? Porque sí, estaba enfermo, casi terminal. Todos los enamorados lo están, solo que los síntomas se manifiestan cuando deja de surtir efecto. Provoca una grave distorsión de la realidad de la que uno, jamás se da cuenta; ataques nerviosos que se concentran en tu estómago, en tus temblores al verla; pérdidas de apetito cuando estás en soledad y ganas de comértela a solas con ella; delirios, falsas quimeras, fobias, dolores en el corazón, arañazos en el alma, depresión, euforia. Preso de una locura en el que la llave de tu cerradura, eres tú.

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"—No sabe lo que quiere.
—Sí sabe una cosa, y es que no me quiere a mí."


No había nada que pudiera hacer para que mis propias palabras no se hincaran en mí y me proporcionaran tal dolor. Me odio por haber tardado tanto en darme cuenta de esto; en ver que mi ceguera era mi mano tapando mis ojos. Y lo que quema la luz al verla por primera vez. Sin embargo, tras todo ese pesar, puedo decir que era gratificante. De hecho, el dolor disminuye, como si mis células se encargaran de eliminarlo poco a poco de mi sangre, como si mis pulmones lo expulsaran y el aire lo disipara, como si mis músculos lo utilizasen como gasolina y fuera, este, el que me da fuerzas.

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Animal.
Tierra en mis dientes.
Carne cruda.
Hierba en mis encías.
Lágrimas en mis ojos.
El viento por música.
Radiactivo.
El agua por guía.
Valiente.
Fuerte y sublime.
SALVAJE.


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