sábado, 30 de marzo de 2013

Querido desconocido, esta noche quiero pensar en ti.


Sus manos parecían repeler la máquina de escribir. El folio osaba querer huir de entre las teclas y escupir todas las letras que él le había tatuado. Mientras que los sentimientos seguían bullendo en su interior recorriendo cada una de sus vértebras, su mente estaba en blanco, incapaz de expresarse. Apartó la mirada y se irguió hacia atrás haciendo crujir su espalda y el respaldo de la silla, ignorando el tiempo que había transcurrido desde la última vez que miró tras la ventana. Recordó que seguía siendo invierno cuando pisó descalzo el suelo, imaginando que con cada pisada marcaba el piso con escarcha. Se sentía un espejismo, totalmente vulnerable. En aquel instante echó de menos enamorarse, sentir que podía evadirse pensando en ella, que con mirarla se emborracharía, que con olerla se colocaría. Echó de menos esos amores efervescentes que se diluían con el paso de los días de una forma vertiginosa. Sin embargo, por otra parte, extrañó el inmenso vacío que lo había estado acompañando últimamente. Un vacío que ansiaba ser llenado pero que prefería vivir en soledad.
Volvió a la mesa, donde había dejado abandonados sus pensamientos, y releyó para sí lo que llevaba escrito:

"Querido desconocido:
Esta noche quiero pensar en ti. Quiero pensar que tu vida no es tan desdichada como la mía, que eres feliz con lo que tienes y no con lo que te gustaría tener. Quiero pensar que nunca cometerás los errores que yo cometí o que, si ya lo has hecho, sabrás superarlos de la mejor de las maneras. Quiero pensar que nunca dudarás de quién eres; que jamás te alimentarás de falsas ilusiones, de amores imposibles o de destructivas fantasías; que sabrás aprender del pasado pero sin quedarte estancado en él; que sabrás distinguir entre ser diferente y ser tú mismo; que siempre querrás a las personas adecuadas; que volarás aún estando despierto; que no llorarás dejando escapar tus sueños.
Quiero pensar que disfrutarás de lo insignificante y que verás lo que otros no son capaces de ver, pues al fin y al cabo la vida se reduce a esos pequeños momentos. "

Y, en ese preciso instante, sintió que era pura euforia.

jueves, 7 de marzo de 2013

Tengo que empezar a ladrarle a la vida.

Me duele darme cuenta que eras mi puta fuente de inspiración. Ahora que la prepotente realidad irrumpe en mi vida, sustituyendo a la antigua y ciega, no tengo ningún texto con el que deleitar mis manos. He perdido esa chispa que convertía mis palabras en magia. O quizás has sido tú la que ha disipado todo eso. O sencillamente lo que ha ocurrido es que te doté con esa cualidad que nunca tuviste: la cualidad de saber enamorarme porque yo quería que lo hicieras. Tocarnos y destrozarnos. Voy en busca de una luz tenue que no ilumine, pero sí que me haga vislumbrar entre la oscuridad, de preguntas vacías y respuestas repletas de sabiduría, de una enfermedad mental que me haga distorsionar el mundo al que estoy acostumbrado, de un cambio, de una injusticia por la que luchar en vano, de ocupar el sitio que dejaste en mi cama, de ser por primera vez en mi vida correspondido, de enamorarme de una causa perdida.
Que todo llega, pero que tengo prisa por que llegue. Sin embargo  no estoy seguro de querer encontrar otra musa. No quiero escribir sobre un amor que nunca leerá, que nunca reclamará como suyo. Odiaría ser esclavo de unos sentimientos que no me pertenecen, de falsas ilusiones. Solo me gustaría alguien con quien follar hasta saciarnos; alguien a quien acariciar no con mis manos sino con mi voz y mi mirada; alguien con quien el roce no haga el cariño, que origine química; alguien con quien deshacer camas, destrozar paredes; alguien con quien el tiempo no duela, con quien la vida no pase. Sencillamente alguien.