domingo, 22 de junio de 2014

Y que el cielo se caiga a pedazos, que mate el amor que todavía siento por ti.

Si el tiempo lo cura todo yo me he hecho inmune, y lo sé porque por mucho que me duela decirlo echo de menos enamorarme de ti tanto como que tú te enamores de mí, si es que alguna vez lo hiciste. De hecho ahí fuera llueve porque yo ya no puedo llorarte más, si es que alguna vez lo hice.
Todo cuanto pude imaginar entre nosotros se ha quedado en un recuerdo efímero e irreal, en un deseo de que hubiera pasado pero que nunca pasó. Ojalá escapar de ti pero sin arriesgarme a perderte; no quiero pasar por eso otra vez. Porque cuando hace frío en una de esas traicioneras noches de verano y yo me pongo la capucha y me acaricias la cabeza para preguntarme si estoy bien, yo espero que esas caricias no acaben ahí. Pero lo hacen, siempre lo hacen; así que doy gracias cuando ocurren. Sólo pido que alguien me enseñe a controlar mis sentimientos, de esa manera me salvará la vida, pues ahora me limito a tumbarme y hacer como si no me importara, como si yo no formara parte de ella. Lo peor de todo es que creo que todavía te quiero, pero lo creo tanto que estoy totalmente seguro de que es así. Por eso muchas veces me pregunto si esa frase —que tanto suelo decirme— de que un clavo saca otro clavo es verdad, porque tengo la extraña sensación de que la marca del que sale no la borra el que entra.

Y que el cielo se caiga a pedazos, que mate el amor que todavía siento por ti.

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