lunes, 9 de mayo de 2011

Dulces lamentos.


[Este texto forma parte de un relato presentado en un concurso, próximamente volverá a ser publicado]

martes, 3 de mayo de 2011

En la cima del mundo.


Oliver no podía pensar con claridad, sin embargo, se percató de su egoísmo al preocuparse solamente de su persona, se regañó desde el interior y se dirigió hacia Emily, quien ya lo estaba mirando; en sus ojos estaban apareciendo cúmulos de lágrimas y la gravedad de la situación le provocó abalanzarse sobre él y abrazarle. Cuando ya estaba rodeada entre sus brazos comenzó a llorar y a susurrarle al oído.
-     Gracias por sacarme de allí. Gracias. -repitió.
-     No hace falta que me las des. Era lo que tenía que hacer. –sin saberlo estaba intentando tranquilizarla meciéndola mediante leves movimientos de derecha a izquierda.- ¿Estás bien? –se dio cuenta de que aquella pregunta resultó ridícula. ¡Claro que no estaba bien!
-      Mejor. -dijo solamente.
-      Me alegro.
El abrazo duró lo que tenía que durar, los dos se separaron al mismo tiempo de manera instintiva. Mientras la abrazaba, Oliver tenía la mirada clavada en el camino que habían seguido, esperando a que alguien llegara y acabara con su miedo.
-     Pero, lo que ha pasado...
-     Vamos a dejarlo, por favor. Va a ser lo mejor. –se acercó entonces a ella, igual que lo había hecho en la playa.- Dejemos por unos instantes esto olvidado, ¿de acuerdo?. Dejemos al tiempo pararse y al viento estremecerse.
Y volvió a besarla de manera dulce y atrevida.
-     Me encanta.
-     ¿El qué? –dijo, Oliver, entre una sonrisa.
-     Esto. –volvió a besarlo.- Tú
Se miraron de nuevo, y se abrazaron de la misma manera que lo habían hecho la última vez. Emily se sentía segura a su lado y, Oliver, se sentía feliz.

Esa maldita incertidumbre.



[Este texto forma parte de un relato presentado en un concurso, próximamente volverá a ser publicado]