domingo, 2 de junio de 2013

"¿Por qué ya no crees en el amor?"

—¿Por qué ya no crees en el amor?

Menuda pregunta me hacía. Aunque más me hacía su sonrisa.

—Porque no existe —contesté. Ella era rubia como la cerveza y estaba seguro que podía provocar en mí el mismo efecto que ese inquietante placer cuando la espuma se agarraba a mis labios. Adoraba el gesto agrio que decoraba su rostro cuando algo la desconcertaba, esa dulzura que tenía por mirada—. El simple hecho de planteármelo ya me hace pensar que es así. Aunque no es que no exista en este mundo, no es que sea una invención de la sociedad o de una empresa de bombones cuyo único objetivo es vender falsas ilusiones recubiertas de chocolate y con una rancia avellana en su interior, es que no existe para mí. Porque lo he sentido, pero nunca lo he compartido. ¿Y el amor no es eso, no es tener a alguien con quien desvivirlo? ¿No es alguien que complete tus carencias pero que comparta tus cualidades? ¿No es perfecta imperfección? No creo en el amor porque nunca me ha dado la posibilidad de creer en él.

En ese momento deseé que su respuesta hubiese sido "¿Nunca te ha dado la posibilidad de creer en mí?". Sé cual habría sido mi reacción. Sé que el corazón me habría estallado en el pecho y que mis pupilas se habrían hecho más grandes que el sol; comenzarían los temblores, esos que tanto odiaba por sentirme incapaz de controlar mi cuerpo. La habría mirado embobado, incrédulo ante sus palabras. Sin embargo, no era más que fruto de mi imaginación, su voz había retumbado en mi cabeza. Sólo ahí.

—Pues, para mí, el amor es lo único que me da fuerzas y esperanza. Es vida, calor, inmortalidad —me dijo sonriendo.

Le contesté curvando mis labios, levemente. Mi lengua reprimió un "entonces, amor eres tú" y callé como un cobarde. Y, una vez más, desfallecí por dentro.